
Siempre se ha dicho que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana.
En estos días, en los cuales, he visto cerrarse mi puerta, esa que conducía a mis sueños, esperanzas e ilusiones, me he sentido perdida, desorientada, como si mi mundo perdiera el sentido, al menos, el que yo le había dado hasta ahora. Y era incapaz de ver, que a mi lado, estaba esa ventana que me sacaría de allí.
Cuando estás en una habitación oscura y sin salida no hay mucho que puedas hacer, excepto intentar buscar una manera de salir de allí. Mi primera opción fue replantearme muchas cosas en mi vida. Has marcado un antes y un después, conozco a la chica de antes, pero ahora tengo que formar a la de después. Así que he estado teniendo citas a ciegas conmigo misma. Intentando averiguar quién soy, lo que me gusta de mi, lo que no, de lo que estoy orgullosa, lo que quiero mantener, lo que quiero borrar, lo que quiero cambiar...qué me ilusiona, qué me da miedo, cuáles son mis sueños, si los has cambiado... un sin fin de preguntas más.
La respuesta, no siempre es fácil, muchas se quedan sin ella, esperando que sea el tiempo quien la decida. Pero otras la obtienen. ¿Y qué hacer con esas respuestas que te sorprenden?
Yo soy la de siempre, y sorprendentemente, me gusta, me gusta como soy. Tengo mis defectos, puede que el mayor de ellos sea la confianza ciega que deposito en la gente. Pero también tengo mis virtudes, no tengo maldad y no concibo que la gente la tenga. Tengo mis sueños, mis esperanzas e ilusiones, llevan conmigo desde niña y la lista sólo tendría que ir en aumento, no ir disminuyendo con el paso de los años. Puede que algunas personas tengan razón, puede que aún lleve la venda en los ojos, esa venda de inocencia que todos tenemos cuando somos niños, la que te permite decir: "Cuando sea mayor quiero..." sin darte cuenta de que, mientras dices esa frase, ya te estás haciendo mayor y que lo que no hagas ahora, no podrás hacerlo en otra ocasión. Quiero creer que esa venda que llevo es una de las cosas que me hace especial, que permite que siga creyendo en mis cuentos de hadas. Y que mantiene la esperanza de que si tú no has sabido quererme de verdad, alguien lo hará, y entonces, el cuento se hará realidad.
A pesar de ello, hay preguntas a las que no he podido responder, me he cuestionado cosas que jamás había pensado que pondría en duda. Enfrascada en estos pensamientos decidí salir a pasar un buen rato y reirme un poco.
De vuelta a casa, algunas dudas volvieron a asaltarme. Un semáforo en rojo, me dispongo a averiguar quienes son los vecinos del coche de al lado, y puedo ver, a través del cristal manchado de pequeñas gotitas de agua, a una preciosa niña de ojos rasgados y coletas. Le sonrio, por muy triste que esté, no puedo evitar sonreir cuando veo a esos pequeños seres. Pero lo más maravilloso del mundo es que me devuelve la sonrisa y una sensación de alegría se apodera de mi. En ese momento el semáforo cambia de color, los coches arrancan y la pequeña agita su manita para decirme adiós.
Aún queda un poco para llegar a casa, lo mismo que para salir de esta habitación oscura, pero la buena noticia es que he encontrado la ventana. Ella me la ha señalado. Y es que supongo que así es la vida, cuando todo está oscuro, hay que parar, tomarse un descanso para observar que hay miles de personas que aún deben cruzarse en tu camino para hacerte sonreir.
A ti, pequeña, te deseo lo mejor y siempre te recordaré como la personita que me demostró que cuando todo está oscuro siempre existe una ventana por la que dejar que entre el sol, que ha llegado la hora de cambiar el rumbo y empezar de nuevo.